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Las palabras del aprendiz XVII

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UN LUGAR EN EL MUNDO

Me huelen las manos a hierbabuena,
y las siento vivas
porque recorren las formas
en cada una de sus palabras,
en sus rostros de tierra arados por el tiempo.
Sé que a veces olvido soñar,
y me recuerdo,
como si le hablara a un niño,
que necesito revestirme de ternura.
He de reconocer
que hoy debo mirarme en el espejo
de mis verdades cotidianas
y escupirle ante la certeza
de que sólo pierdo la Vida que me sobra.
Ellas, tan pequeñas, tan poca cosa,
con sólo sus ropas blancas en el cuerpo,
pueden revolucionarte los sueños.

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